El club de Ana Frank

Un superviviente de Sarajevo compila en 'Voces robadas' diarios de niños inmersos en conflictos bélicos, de la I Guerra Mundial a Irak

El Correo Digital 25.10.2007
ARANTZA PRÁDANOS

Un lápiz y un papel son un privilegio cuando todo estalla alrededor. Y un refugio. Y una terapia contra el horror de la guerra. A Ana Frank su diario no le salvó la vida, pero calmó su cautiverio en 'la casa de atrás' e ilustró al mundo sobre el exterminio nazi con pulso más firme que el proceso de Nuremberg. «Lo mejor de todo -escribía en 1944 desde su escondite- es que lo que pienso y siento, al menos, puedo apuntarlo: si no, me asfixiaría completamente».

Pasado medio siglo, de nuevo en el corazón de Europa, otro diario infantil reflejaba un tránsito similar; de fantasías adolescentes con Tom Cruise a la limpieza étnica; de la escuela al odio fratricida de la guerra de los Balcanes.

«Trato de concentrarme en hacer los deberes, pero no puedo. Algo está ocurriendo en la ciudad. Se pueden oír disparos desde las colinas (...). Simplemente uno siente que algo va a suceder, algo muy malo». Zlata Filipovic tenía 11 años en 1992 y hasta los 13 años relató su propio cerco de Sarajevo. Como el de Ana Frank, su diario también dio la vuelta al mundo, aunque ella vive para contarlo.

Ahora Zlata ha recuperado la pluma para coser en 'Voces robadas' (Ed. Ariel) retales de otras contiendas contadas y sufridas por críos como ella. Son catorce voces que entonan el mismo lamento en primera persona. De la I Guerra Mundial a Irak, del Holocausto al conflicto judeopalestino, «te das cuenta de que las experiencias de los niños de la guerra son iguales. Fue un shock cuando me puse a investigar en sus diarios, porque percibí enseguida la conexión entre sus experiencias y la mía», explica. Idénticos el miedo, el hambre, la falta de lumbre, de calefacción, las detonaciones, la misma «muerte que llama a la ventana» cuando suenan las armas, tanto da si en el siglo XX o en el XXI.

20 de abril de 1992. «La guerra no es ninguna broma. Destruye, mata, quema, separa, hace desgraciada a la gente. Hoy han caído unas bombas terribles en Bascarsija, el antiguo centro de la ciudad. Bajamos al sótano, frío, oscuro y asqueroso. Y el nuestro ni siquiera es muy seguro. Papá, mamá y yo estábamos allí agazapados, abrazados los tres en un rincón...».

Un mundo oscuro

El diario de Zlata bien podía ser el que escribió en 2003 en Irak Hoda Thamir Jehad (18 años): «El mundo me parece oscuro y desolado, y las personas, monstruos que quieren devorar a sus presas y salir corriendo». O los de otras víctimas infantiles del Holocausto, como Ana Frank. Yitskhok Rudashevski (Lituania, 16 años en 1943): «Me han arrebatado todo lo que quiero y aprecio». Clara Schwarz (Polonia, 15 años en 1942): «¿Quién sabe si todo este sufrimiento es para nada? ¿Sobreviviremos?».

Sus escritos, compilados en 'Voces robadas', reflejan el estupor de un mundo vuelto del revés, la irrupción del dolor y el odio, el fin de la inocencia. «Estoy desesperada. Nuestros niños inocentes no conocen el significado de la palabra felicidad. Sólo conocen la muerte, la guerra, los tanques, el miedo y el sufrimiento», escribía Mary Masrieh Hazboun, de 17 años, en abril de 2002, durante la segunda Intifada.

En la última década, dos millones de niños han muerto en conflictos armados. Otros seis han quedado heridos o tullidos, hay unos 250.000 soldados adolescentes y un batallón escalofriante de esclavos sexuales. Los que sobreviven a los disparos, las bombas, los ataques terroristas... lo hacen como adultos prematuros en el mejor de los casos. «Creo que en ese momento me hice mayor, muy mayor, y me volví muy asustadiza...», decía Sheila Allan (Singapur) a los 17 años, en 1941 y en plena guerra del Pacífico.

Los cuadernos de estos improvisados cronistas de guerra hieren por su llaneza, su falta de artificio. Son historias pequeñas y universales que Zlata Filipovic, hoy licenciada en Oxford y colaboradora de la ONU, y la escritora Melanie Challenger han sacado a la luz tras años de rastreo en bibliotecas, universidades y los archivos de organizaciones humanitarias. Son una pequeña muestra de los miles de diarios localizados. Representan a los afortunados que en medio del horror aún disponen de «un confidente» de papel. Detrás de ellos, silentes, hay millones que sufren sin ese desahogo.

Voces robadas. Diarios de guerra de niños y adolescentes.
© Edición: Zlata Filopović y Melanie Challenger.
© Traducción: Marc Jiménez Buzzi.