Autor: Werner Fuld

Prohibido prohibir

IGNACIO F. GARMENDIA

"La historia de las prohibiciones es, fundamentalmente, la historia de la supervivencia de la memoria humana almacenada en los libros". Lo afirma el escritor y crítico Werner Fuld al frente de su Breve historia de los libros prohibidos, tras declarar -no sin razón, aunque ello no ha evitado las pérdidas irreparables- que las ideas tienen más fuerza que las leyes y por eso las obras proscritas acaban siempre por imponerse a los intentos del poder por silenciarlas. La persecución no fue desconocida en la Antigüedad y ha llegado hasta nuestros días, aunque conviene evitar paralelismos falaces entre las purgas, los índices o los autos de fe y el imperio actual de la corrección política, ciertamente indeseable -y hasta bochornoso, según los casos- pero no disuasorio hasta el extremo de constituir una amenaza a la libertad de palabra.

El libro de Fuld puede relacionarse con otro aún reciente de Fernando Báez, Nueva historia universal de la destrucción de libros (Destino), donde el investigador venezolano trataba de un tema con amplios márgenes de coincidencia, pues de la prohibición a la destrucción hay sólo un pequeño paso que pocos inquisidores se han ahorrado. También el enfoque, que apuesta por la erudición acumulativa pero dirigida a un público amplio, presenta similitudes -capacidad de síntesis, amenidad, anécdotas memorables- con el citado título de Báez, aunque esta Breve historia, siendo interesante, instructiva y de grata lectura, ofrece sus contenidos de un modo menos sistemático y no siempre bien contrastado, valgan como ejemplo las páginas -Cela aludido como autor censurado pero no como censor, "atraso tanto formal como temático" de la novela durante el periodo franquista- dedicadas a la España del siglo XX, claramente insuficientes incluso para una aproximación sumaria. Son dignos de elogio, en cambio, tanto el pulso narrativo del autor como su escritura fluida y ocasionalmente irónica o la atención que presta Fuld a la autocensura, sea voluntaria o inducida por las autoridades de turno, que en el primer caso se asocia a una pulsión destructora -los escritores, como muestra el célebre caso de Kafka, pueden ser los mayores enemigos de su propia obra- y en el segundo se ha revelado a menudo como un método bastante más eficaz que la represión directa.

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