JOSÉ COMAS

A través de sus crónicas se puede trazar un retrato, lleno de inteligencia y de perspectiva, de lo que ha ocurrido en el mundo desde el 1975 hasta el 2008.


Su entrevista a Jochim Fest ha sido de gran interés para los contenidos del sitio web de Marc Jiménez Buzzi

José Comas (La Vega de Caseros, Asturias el 24 de mayo del 1944 - Berlín 22 de marzo del 2008).

Creció en Cangas de Onís, donde nacieron en él dos grandes pasiones: el fútbol y el periodismo, estudió en el Colegio de la Inmaculada de Gijón. Tuvo que estudiar Sociología en los jesuitas del ICADE -se licenció en 1968- porque su padre no consideraba el periodismo como un oficio serio, pero luego lo estudiaría por su cuenta, licenciándose en 1972.

Trabajó en Cuadernos para el Diálogo y Triunfo y fue corresponsal de Cambio 16. Formó parte de la redacción fundadora de Diario 16 siendo corresponsal de este diario entre 1976 y 1981. Luego pasó al diario El País como corresponsal en Alemania entre 1981 y 1985, para después ser corresponsal en México y Centroamérica, hasta 1988, y en Buenos Aires y Sudamérica hasta marzo de 1994.

Volvió a Alemania ese mismo año donde ejerció de nuevo de corresponsal hasta octubre de 1997; desde junio de 1998 hasta 2003 fue corresponsal en Europa Central y Oriental, y a partir de 2003 volvió de nuevo a ser el corresponsal del diario en Alemania.

En el 2007 fue distinguido con el Premio del Periodismo Europeo Salvador de Madariaga.

Su entrevista a Jochim Fest publicada por El País el 27/02/2005 ha sido de gran interés para los contenidos de este sitio web, donde ya anunciaba la publicación del libro "Conversaciones con Albert Speer.Preguntas sin respuesta."

 

JOSÉ COMAS, periodista.

José Comas fue un gigantesco reportero. "¿Cómo debería ser el individuo que se dedica a la profesión periodística?", se preguntaba Ryszard Kapuscinski. "Debería ser sabio, capacitarse ininterrumpidamente, debería tener sentido de la responsabilidad, debería respetar las normas de la ética, debería amar su trabajo. Pero también debería ser un hombre abierto a otros hombres, a otras razones, a otras culturas, tolerante y humanista". Si a todo esto añadimos una desbordante pasión por el fútbol y algunos arranques homéricos de mal genio, de los que el mismísimo capitán Haddock se sentiría orgulloso, tendríamos una muy buena definición de lo que fue Pepe Comas, corresponsal en Alemania, México y Argentina, además de enviado especial a decenas de países. A través de sus crónicas para EL PAÍS, al que se incorporó en abril de 1981 en Bonn, se puede trazar un retrato, lleno de inteligencia y de perspectiva, de lo que ha ocurrido en el mundo en las últimas tres décadas.

Ha sido necesario un linfoma No-Hodgkin, contra el que luchó durante tres años con una fuerza que ni siquiera los médicos podían creer, para acabar con este gigante asturiano, para silenciar su mordaz sentido del humor y sus crónicas. En un oficio en el que muchos se retiran a sus cuarteles de invierno en cuanto pueden, Pepe Comas siempre quiso ser lo que fue desde que, en 1976, decidió abandonar sus clases de español en Alemania para dedicarse al periodismo: un reportero. Recién contratado en EL PAÍS, Pepe Comas cargó un camión de naranjas, junto a un periodista brasileño, y salió de Bonn en dirección a la entonces República Democrática Alemana para entrar en Polonia, donde el general Jaruzelski acababa de decretar la ley marcial. Era diciembre de 1981 y los periodistas tenían terminantemente prohibido la entrada al país pero, gracias a los víveres, logró burlar a los aduaneros polacos y escribir una serie de extraordinarios reportajes.

Desde aquel invierno polaco, Comas hizo lo mismo en decenas de países, en las guerras centroamericanas de los ochenta, en los golpes de Estado de los carapintadas argentinos, en las favelas de Río de Janeiro o en los barrios marginales de Haití, bajo las bombas de la OTAN en Belgrado o en el Kosovo de la inmediata posguerra: saltarse las trabas impuestas por el poder para que los periodistas no puedan narrar lo que ocurre. Cuenta Pierre Assouline en una biografía de Albert Londres, el padre del reporterismo francés, que un general se acercó a un grupo de periodistas que estaban en el frente, durante la I Guerra Mundial, y les dijo: "Ya están ustedes otra vez donde no deberían. Por eso leemos los periódicos".

Pepe Comas se pasó media vida allí donde no debería y sus lectores se lo agradeceremos siempre.

Guillermo Altares El Pais 22/03/2008