Una nueva, una extraordinaria edición catalana de El Anticristo.

Joan B. Llinares

Como para estar en consonancia con lo que he de reseñar necesito ser estricto y radical, esto es, nietzscheanamente intempestivo, comenzaré recordando un par de obviedades. La SEDEN es, en muchos sentidos, plural, porque los españoles estudiosos de la obra de F. Nietzsche también somos bastante heterogéneos y complejos. De hecho, no sólo estudiamos aplicando diversas metodologías y siguiendo intereses teóricos y prácticos distantes y contrapuestos, sino que también lo hacemos desde áreas lingüísticas distintas y para sus públicos respectivos, no siempre coincidentes. Por desgracia, esas áreas a menudo se ignoran y se dan la espalda, o practican una comunicación asimétrica y desequilibrada. Parece como si, por una parte, fuese aconsejable estar al día en lo que publican nuestros vecinos franceses o los colegas italianos, tan sugerentes y próximos en tantas cosas, a pesar de tener que bregar para entenderlos con una lengua ‘extranjera’, un miembro a fin de cuentas de nuestra común familia latina, pero, por otra, resultara indiferente conocer —pongamos por caso— lo que sale de las imprentas catalanas, valencianas y baleares, que también comparten ese parentesco lingüístico de tantas semejanzas y afinidades. De manera similar a como suele sucederles actualmente en el planeta a los angloparlantes, en el Estado español es habitual suponer que basta con el castellano y su diseminada industria editorial para disponer de información suficiente en torno a Nietzsche, un autor que, como demuestra la bibliografía reciente, continúa gozando de buena salud. Sin embargo, esta premisa inconsciente y automática no se corresponde con la enérgica vitalidad que, ateniéndonos a lo que acaba de ocurrir, manifiestan otras lenguas hispanas. En efecto, en catalán ha publicado un competente dúo de investigadores, dos universitarios que trabajan en Barcelona, un germanista y un filósofo, Marc Jiménez Buzzi y Antonio Morillas Esteban. Ellos han preparado un libro sorprendente y fascinante, su respectiva traducción y edición de El Anticristo —Friedrich Nietzsche, L’Anticrist, Llibres de l’índex, Colección Els clàssics de l’índex nº 3, Barcelona, 2004, 318 pp.— el cual, si no vamos muy errados, está llamado a convertirse en un hito, en un texto de referencia. ¿Por qué? Sencillamente porque es una obra genuinamente ‘aristocrática’, ‘óptima’, ‘excelente’, o, para decirlo con otras palabras, una exhibición de fuerza filológica de noble talante afirmativo y activo, un logro casi irrepetible de singular calidad. Con esto no pretendo exagerar ni un ápice, sino hacer justicia con toda justeza. Paso a argumentar mi juicio.

En principio, contar con una nueva traducción de este texto decisivo de la época final de Nietzsche no es ninguna sorpresa, puesto que, por fortuna, ya contamos con muy buenas traducciones, algunas de ellas verdaderamente modélicas, como la que publicó Andrés Sánchez Pascual en 1973 y, tras veinte reimpresiones, revisó en 1997, la cual sigue reeditándose en bolsillo, como bien se sabe (Madrid, Alianza Editorial). Aquella traducción, por consiguiente, tan sólo implica novedad de una manera limitada, esto es, amplía los horizontes, en todo caso, para los lectores del ámbito catalán, en donde sí es una auténtica primicia, con todo lo que ello significa. Ahora bien, del conjunto de libros del filósofo alemán que se han traducido a ese idioma, seis por el momento, la prosa catalana con la que Marc Jiménez hace hablar a Nietzsche sobresale por sus aciertos: muy cuidada y nada rancia, va acompañada de notas para que el lector que desconozca el original capte las rimas y juegos de palabras y sentidos que el traslado idiomático no puede mantener, y construye un discurso en absoluto docto ni distante, al contrario, facilita con su ritmo y su ágil prosa la reflexión y el disfrute. Tal soltura se agradece en una lengua que, en parte por su tensa normalización, suele caer en modismos cultistas y librescos, alejados del ensayismo agudo, sutil, irónico y —conviene añadirlo— de filiación nietzscheana, que han practicado un Josep Pla o un Joan Fuster, por citar quizá a los mejores. Indicamos con ello que el tono tan finamente conseguido, tan claro y tan vivo, facilitará la comprensión del texto por parte de cualquier lector hispano que lo consulte, sea o no sea catalanoparlante

De todos modos, no estamos presentando tan sólo una acertada y novedosa traducción filosófica a una de nuestras lenguas; este libro es, además, y de manera excepcional, una portentosa nueva ‘edición’, al cuidado y bajo la responsabilidad del filósofo Antonio Morillas, que ha asumido el reto de medirse con lo que ya se había hecho al respecto en nuestro país. En efecto, El Anticristo, que tanto tiempo tuvo que permanecer indignamente editado, con mutilaciones y correciones interesadas, entre nosotros ha tenido suerte, pues cuenta con al menos dos ediciones, la ya citada de Sánchez Pascual y la preparada por Germán Cano (Madrid, Biblioteca Nueva, 2000), ambas con magníficos prólogos y, por añadidura, con un soberbio aparato de notas de gran calidad. La edición de Sánchez Pascual consta de 170 que hasta ampliaban las que proporciona la edición de Colli-Montinari y, por vez primera, nos brindaban a los hispanos una impecable traducción de muchos e importantes fragmentos póstumos del momento. La de Germán Cano supone un avance, tiene 203 notas, indica no sólo el manuscrito de origen sino la numeración individual de cada uno de los diferentes fragmentos póstumos que también traduce, y extrae muchas citas de los clásicos de la correspondiente bibliografía en castellano. A ello hay que añadir que la exigente tarea de explicar los meandros que tuvo que recorrer el texto original tal y como salió de la pluma de su autor hasta desembocar en una edición rigurosa y fiel, ya había sido llevada a cabo por Sánchez Pascual en su magistral artículo de la Revista de Occidente  “Problemas de El Anticristo, de Friedrich Nietzsche” (nº 125-126 de agosto-septiembre de 1973, pp. 207-240). Pues bien, esta edición de Morillas consigue recoger esas exigentes antorchas, alimentar con creces su fuego —triplica prácticamente el número de notas— y situarse a la altura en que hoy se encuentra la mejor investigación internacional, brindándonos así un libro imprescindible para una lectura en nuestro ‘verdadero’ presente, el que se nutre de los resultados que se han ido obteniendo durante una larga centuria de persistentes investigaciones.

Disponer de toda esta extensísima y fecunda información es incluso una conquista inaudita, pues no suelen conceder nuestros editores que un texto de unas 85 páginas vaya precedido por un conjunto de apartados —“Introducción”, “Bibliografía”, “Cronología de la vida y obra de Nietzsche”, “Siglas y abreviaturas utilizadas” y “Nota previa”— que también requiera otras tantas 85 páginas, ni menos todavía que, junto a unas cuantas imágenes del manuscrito original especialmente significativas, se añadan nada menos que 140 páginas de “Notas” y hasta otras 6 más para el oportuno “Índice” de autores y conceptos. Este nivel de generosidad editorial no acostumbran a tenerlo ni siquiera los servicios de publicaciones de nuestras universidades. Muchísimos industriales del libro son esclavos del peor consumismo, aquel que recorta hasta el tamaño de las letras, asesina la excelencia y sólo busca ahorrar a toda costa para aumentar los ingresos. Quizá convenga recordar, como aviso para navegantes, que esas páginas de investigación no se suelen pagar, de ahí que debamos considerarlas como un regalo que nos ofrece el responsable de la edición, una muestra generosa de su trabajo más irritante, el que obliga a transcribir con paciencia los lugares donde aparece el documento o el pasaje a anotar, a fatigar los buscadores informáticos, a visitar incontables bibliotecas, incluso a suplicar a familiares y amigos que consulten determinadas palabras de ciertos manuscritos problemáticos, que se hallan en lejanos archivos, para intentar tal vez mejorar hasta la lectura considerada canónica del texto original. En fin, he aquí una verdaderamente nueva edición, todo un lujo que merece reconocimiento y gratitud.

Este muy voluminoso y meticuloso aparato de notas ofrece una y otra vez un índice casi exaustivo de aquellos textos del legado de Nietzsche que conviene conocer para abordar con fundamentación y criterio cualquiera de los conceptos, de las cuestiones y de las tesis que van apareciendo a lo largo de los 62 aforismos de El Anticristo. La lista resultante, es, a todas luces, de primera magnitud, valga esta surtida enumeración: decadencia, moralina, virtud, Dios, budismo, Islam, Kant, escepticismo, Renan, idiota, socialismo, falsificación de moneda, pecado, anarquismo, Jesús, transvaloración de los valores, libertad de la voluntad, Epicuro, criar, filología, Revolución Francesa, Petronio, prueba de fuerza, inmaculada concepción, joven emperador, César Borja, etc. etc. En cada entrada se pone en juego, lo repetimos, todo el legado nietzscheano, los libros y escritos, los fragmentos póstumos y, de manera sistemática y muy sugerente, las cartas, el epistolario entero que ha llegado hasta nosotros, incluso el que mantuvieron entre ellos los mejores amigos de Nietzsche. Este uso infatigable de las fuentes, traducidas casi siempre por extenso, aparece coordinado con la correspondiente ‘explotación’ de una sólida bibliografía específica, libros y artículos de reciente publicación y ardua consulta, como sólo es posible hacer cuando sobre una obra se ha conseguido una maestría merecedora de los más altos grados académicos. Por eso será difícil que al editar otros textos nietzscheanos este mismo equipo mantenga un nivel tan sobresaliente, quizá hasta excesivo y molesto para lectores frívolos o desapasionados.

Valga como botón de muestra de lo alcanzado este breve ejemplo, correspondiente a un término técnico del § 51, folie circulaire [locura circular]. Sánchez Pascual lo explica en la nota 130 remitiendo a una cita del mismo Nietzsche del final del § 8 de “Por qué soy un destino” de Ecce homo, cita que transcribe. Si consultamos sus ediciones y revisiones de este último texto, gracias a la nota 184 sabremos que Nietzsche tomó esa expresión “del libro de Ch. Féré, Dégenérescence et criminalité [sic], París, 1888, que leyó durante la primavera de 1888.” Idéntica información sobre esa fuente nos proporciona literalmente G. Cano en la nota 166 de su edición, con este añadido: “aunque la idea es desarrollada fundamentalmente en el tratado tercero de la Genealogía de la moral.” Antonio Morillas, en la nota 381 de la suya, transcribe tanto la cita de EH aportada por Sánchez Pascual como el texto concreto de GM III al que alude G. Cano, pero añade como otras referencias probables dos fragmentos póstumos de la primavera de 1888, que también traduce. Indica luego que esa expresión, como demostró en 1986 H. E. Lampl en un artículo de NS 15, la extrajo Nietzsche de otra obra de Féré, Sensation et mouvement. París, 1887, aporta los datos correspondientes y traduce del francés el pasaje en cuestión. Acaba señalando que incluso la segunda edición revisada de la KSA, que es dos años posterior al artículo de Lampl, continúa repitiendo el error de atribuir dicha expresión a la citada Dégénérescence et criminalité, incorrección que, como hemos visto, han repetido nuestros mejores editores hispanos hasta la fecha.

Hubiéramos querido vestir la toga de abogados del diablo y alimentar nuestra vanidad rastreando una gran cosecha de erratas y de errores para exponerla aquí con todo detalle. Quizá la lente de aumento que hemos aplicado no haya sido la apropiada, pero nuestros esfuerzos sólo han conseguido descubrir una sigla incorrecta, WWW para la obra capital de Schopenhauer(p. 80), una insuficiente etimología del adjetivo ‘católico’, olvidando la conocida raíz griega (nota 378), y un op cit. fuera de lugar (al final de la nota 488), supliendo la indicación de páginas que correspondería haber hecho. Nada más en las 91 notas de la “Introducción” y las 520 notas del texto. No lo deploramos, claro está, también esto es infrecuente.

¿Para cuándo, pues, un nuevo volumen de similar calibre?

Como ves, amigo lector, no te estoy insinuando que nos compadezcas ni siquiera por habitar el mundo también desde una lengua minoritaria, te estamos invitando a que compartas nuestra alegría y recorras con exquisito placer los innumerables caminos de bosque que esta edición ha preparado de una de las selvas más intrincadas y peligrosas que configuran el continente nietzscheano. Sé que no te arrepentirás.

Joan B. Llinares (Universitat de València